Cuando una familia no gasta todo su ingreso en cubrir sus necesidades del mes normales y además compra alguna cosita para darse un gusto, está ahorrando. Esto es, si a pesar de todo lo que gastaron en el mes les queda dinero en la cuenta, eso, es ahorro.
Nuestras mamás y abuelas, estaban acostumbradas a ahorrar, se sentían en un mundo más inestable económicamente, ya sea por las guerras o debacles financieros que les ocurrieron en su niñez o juventud, por lo que ahorraban 10 dólares de cada 100 que recibían. Sigue leyendo
¿cuáles son las necesidades de tu familia?¿cuál de ellas es más importante? Estas preguntas son las que contestaremos en el artículo de hoy.
En mi país existe el mito que las mujeres no compramos lo que necesitamos, si no lo que está en oferta, alguna cosa que nos emociona o lo que nos hace sentir menos tristes cuando estamos deprimidas.
En el artículo anterior hablamos de los mitos asociados al uso “obligatorio” de la tarjeta de crédito: la necesidad de endeudarme para conseguir comprar cosas que necesito.
Allí estás, después de haber acostado a los niños, tu marido llegará tarde el trabajo hoy y tienes que lidiar con todas las cuentas del mes que hay que pagar, entonces manos a la obra con la programación de los pagos: tienes que organizar lo que vas a comprar para la comida, la mesada de los niños, las colaciones, las cuentas de la casa, de las tiendas, etcétera.
Ya hemos eliminado los gastos superfluos, es decir, todos aquellos gastos que no son fundamentales para vivir. Estamos en lo que se llama ‘régimen de guerra’, guerra contra el despilfarro, el estrés financiero, la infelicidad. Tenemos el hábito de revisar todos los días lo que hemos gastado y lo que hemos recibido, tenemos control sobre nuestro dinero.
Ya está, ya sabemos nuestra situación. Hemos registrado día a día, nuestros gastos, o sea, hemos registrado en una hoja todo lo que hemos sacado de nuestro dinero para pagar cualquier cosa. También es un gasto el refresco y el helado que le compramos al niño o la moneda que le regalamos al malabarista del semáforo en la calle.
En el artículo anterior, les mostré cómo Cecilia llegó al fondo y qué hizo para comenzar a salir del desastre que tenía en sus finanzas personales.